Hoy, mientras caminaba por las calles del norte de la ciudad, me quedé observando algo que muchas veces pasa desapercibido entre el tráfico, las prisas y la rutina diaria: la cantidad de personas que todos los días salen a buscarse la vida vendiendo producto local.
Entre pickups estacionadas bajo la sombra de los árboles, letreros fluorescentes hechos a mano y bolsas de carbón acomodadas sobre el pavimento, nos encontramos con este lugar donde hay algo más que simple comercio. Hay familias intentando salir adelante, emprendedores apostando por sus productos y vecinos que todavía prefieren comprarle a alguien de la colonia antes que entrar a una gran cadena comercial.
Huevos, semillas, salsas, carbón, alimento para mascotas o productos regionales forman parte de una dinámica que poco a poco sigue creciendo en Chihuahua. Y aunque para muchos puede parecer una escena cotidiana, también refleja una economía local que se mueve gracias al esfuerzo directo de la gente.
En tiempos donde todo parece digital, rápido e impersonal, escenas como esta todavía conservan algo muy del norte: el trato directo, la confianza y el apoyo entre la misma comunidad.
