Foto: Cortesía Rarámuri Sports
Quiero invitar a los chihuahuenses que están en búsqueda de diversión y aventuras extremas a darse una vuelta por el Parque Barrancas del Cobre, ubicado en Creel, Chihuahua. Ahí pueden vivir la experiencia del Zip Rider. Es parecido a una tirolesa, pero wow, las vistas durante el trayecto son impresionantes. Es la tirolesa más larga del mundo en su tipo (con arnés tipo silla), con 2,554 metros de longitud y una caída vertical de 450 metros. La verdad, es increíble.
Los nervios antes de lanzarse
Yo tenía mucho miedo, no lo voy a negar. Pero me animé, porque son de esas cosas que se viven solo una vez en la vida. Primero firmas una carta responsiva, donde confirmas que no tienes presión alta o baja, para que todo quede registrado. También dejas un contacto de emergencia.
Después, pasas a la parte donde te ponen todo el equipo necesario, como si fuera una mochila y un casco. Ahí, de verdad, te sientes seguro. Luego te empiezas a acercar poco a poco y, uff, los nervios empiezan a crecer.

El salto: ahí fue cuando todo cambió
Hasta que llegó mi turno. Antes, te dan una breve explicación sobre lo que tienes que hacer al llegar, como abrir un poco las piernas. Y entonces, sin previo aviso, me solté.
En ese momento ya no pensaba en el miedo que traía minutos antes. El viento me pegaba de frente, cada vez con más fuerza, mientras iba tomando velocidad —puedes llegar hasta 135 kilómetros por hora—. Abajo, la barranca se abría enorme, y por un instante sentí que no había nada entre el cielo y yo, solo ese cable. El vuelo dura apenas dos minutos y veinte segundos, pero ahí el tiempo se siente distinto: una mezcla de adrenalina pura con una calma rara, como si por unos segundos no existiera nada más que esa vista. Al llegar, un sistema de frenado automático te recibe suavemente, casi como si el mismo lugar supiera cómo devolverte a tierra con cuidado.
De regreso a tierra
Después viene la subida de aproximadamente 750 metros de escalones, para después tomar el teleférico que te trae de vuelta. Esa parte también tiene lo suyo: vas bajando la adrenalina poco a poco, todavía con la imagen del vuelo metida en la cabeza.
El costo es de 1,250 pesos, a la fecha en que redacto esto. Toda la experiencia, entre la subida, el vuelo y el regreso en teleférico, dura alrededor de hora y media. Pero de verdad, vale cada centavo.
Lo que me quedó después de lanzarme
Si algo me dejó esta experiencia es que el miedo, muchas veces, es solo el paso antes de algo que vale totalmente la pena. Por eso insisto: si eres de los que buscan vivir cosas que no se olvidan, el Zip Rider debería estar en tu lista.
Un consejo si decides ir: procura llegar temprano, antes de que empiece a saturarse de visitantes, y reserva tu lugar con anticipación, porque los cupos suelen agotarse rápido en fines de semana y temporada alta.
